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Todos los poemas del libro son propiedad intelectual del autor

Ojalá

Jordi Cienfuegos

Ed. Sial, 2001

 

   Pero el tiempo siempre está en su principio y en su fin, ya que no existe tiempo alguno fuera del “ahora”, que es el fin del pasado y el inicio del futuro.

Santo Tomás de Aquino

    

 La vida es algo así,

gente que pasa,

hojas que se desprenden y que nunca

regresarán al árbol,

recuerdos esparcidos por caminos diversos,

avatares y pausas,

soledades y encuentros.

 

 

  El huésped

    Soy el huésped sin nombre de una casa vacía

que no me pertenece más que a ti o a cualquiera.

Una casa de puertas y ventanas abiertas

para que entres y salgas y si quieres te quedes

para siempre una noche, solamente una vida

o el tiempo que haga falta para darle una forma

y colgar las cortinas y prender el incienso

y llenar de ilusiones cuatrocientos armarios.

Una casa sin otra soledad que la mía

y una percha marchita sin chaqueta ni traje,

con un reloj sin prisa ni paciencia ni ritmo

que se inventa las horas y deforma las tardes.

 

  Soy el huésped vacío de una casa sin nombre

que surge de la tierra, que crece cuando llueve,

que tiembla si hace frío, que sufre y que padece

de nostalgia hacia adentro cuando nadie la habita.

Una casa sin cerrojos ni llaves, sin seguros ni trampas,

sin espejos ni sillas ni rincones oscuros.

Una casa sin otra compañía que todo

lo que no está presente, que es lo que echo de menos.

 

  Soy el huésped sin nombre de una casa vacía

que no entiende de muros porque nunca los quiso.

Una casa que espera que la habites un día,

que quiere ser hogar pero sólo es espacio

porque aún echa de menos el tránsito de flores,

la brisa de jazmines que llevabas contigo,

sentir tus pies descalzos como dos gotas de agua,

volver a amanecer después de haber soñado.

 

  Soy el huésped vacío de una casa sin nombre

que no es liquen ni estrella pero mira hacia el Norte

porque sabe que existes donde están las montañas

y tienes el poder de convocar las lluvias.

Una casa que guarda dos secretos y un nombre,

que desde los cimientos se ha sabido importante

y ahora pierde la fe porque nadie la nombra.

Una casa que tiene vocación de planeta

pero que se conforma con sentirse refugio.

Este lugar que habito sin demasiada gracia,

si entusiasmo apenas, como un huésped de paso.

Mi casa de cualquiera que es sobre todo tuya.

   

Mientras hablas

 

  Tú dices que es absurdo poner nombre a los peces.

Hablas y con tus manos vas tocándolo todo:

servilleteros, vasos, encendedor y algunas

cicatrices de nombres grabados en la mesa.

Las palabras te envuelven como para escucharte.

Yo escucho sin palabras y no puedo envolverte,

no me atrevo a besarte para no interrumpirte,

y entonces adivinas qué es lo que estoy pensando,

porque hablas más deprisa pero a la vez sonríes.

 

  Sabes algunas cosas e imaginas el resto,

o deduces, o inventas, porque todo es lo mismo,

como una gota de agua diminuta y constante

sobre el caparazón de los grandes secretos.

Eres digna y sencilla como una casa humilde,

también un poco triste, pero no demasiado.

Vulnerable, indiscreta, irreverente, absurda,

maravillosa, inquieta, tierna, impredecible...

Eres como tú quieres y así quiero que seas.

 

  Tú dices que es absurdo poner nombre a los peces.

Bebes primero y brindas con la copa vacía.

Tienes algo importante que decir y, de pronto,

no encuentras la palabra. Me preguntas. Yo: “Bueno

ya sé a que te refieres, pero, sí... ¿cómo era?”

Para disimular que no estaba escuchando,

que mientras hilvanabas las dos últimas frases

yo pensaba en nosotros, pensaba en ti, pensaba

en lo poco que me costaría quererte de verdad

si no tuviera que viajar mañana...

 

 

 

Escuchando la vida

 

Escuchando cómo crecen las plantas.

Sospechando que existe una palabra que despierta la magia,

una palabra breve, perfecta como un huevo,

que no exige una voz sino un espacio.

 

  Esperando que regrese la lluvia.

 

  Escuchando cómo se abre la tierra,

cómo crecen los tallos,

cómo giran las flores.

 

  Respirando el corazón de la tarde.

Despejando cualquier duda posible.

Sé que un pájaro canta en algún sitio

deshojando una verdad sin misterio.

 

  Escuchando cómo sopla la brisa,

cómo escarba el insecto,

cómo gira un milímetro el planeta sobre su eje sin eje

haciéndonos a todos un segundo más viejos.

 

  En silencio, escuchando la vida.

Esperando que regrese la lluvia.

     

 

Era domingo

 

    Era domingo para las gaviotas.

Una mañana de domingo de invierno,

buenas noticias, un cielo de plomo,

un rompeolas que no rompía nada

y un barco apenas, solamente un barco.

 

  Era domingo, tú también estabas.

Tus ojos grandes como dos preguntas,

como dos silencios llenos de palabras.

Eras sólo un gesto y un mechón de pelo.

“Yo no tengo frío”, pero tiritabas.

 

  Era domingo para las gaviotas.

Una mañana de milagro y viento,

dudas al aire, origen y nostalgia;

el horizonte era una nube de agua,

la orilla espuma y sal y conchas y algas.

 

  Era domingo, tú estabas segura.

Yo no había dormido pero no importaba:

estaba contigo y tú tenías la magia.

Había un barco apenas, solamente un barco.

Sólo las gaviotas y tú y yo en la playa...

   

Su hora libre

  Con frecuencia los ángeles en su hora libre

se sientan al borde de una nube

a fumarse un cigarro con las piernas colgando

sobre el mapa lejano de este mundo

que no descansa nunca y comentan

“joder, macho, qué día” “ya ves, es como todo”

y ese tipo de cosas y uno dice

“no doy abasto, me ha tocado una guerra”

y otro “peor es lo mío: todo el día

sin dar un palo al agua y justo cuando

me distraigo un momento, en ese instante

se me estrella un avión, y no te cuento

cómo se ha puesto el Jefe”

“No hay derecho”

“joder, macho, qué día” “ya ves, es como todo”

y sacan bocadillos y cervezas,

rellenan un boleto de la loto,

discuten la jornada deportiva

y hablan de la parienta y los chavales

y el segundo por la derecha dice

“si no fuera por ellos mandaría

este empleo al carajo” “ya te digo”

y otro sueña con ir de vacaciones

al Gran Parque Temático del Cielo

“los críos hace mucho que me insisten

y ya he empezado a ahorrar para el verano”

“pues un día

me explicas cómo lo haces, porque aquí

te rompes las costillas trabajando

y apenas llega el sueldo para nada”

“y hay veces...” “ya te digo”

“joder, macho, qué día” “ya ves, es como todo”

y suena la sirena y abandonan

la nube del descanso, luego fichan

y regresan a su dura jornada

de muertes y milagros

aquí abajo.

  

 

Donde siempre, como siempre

 

Estaré donde siempre, como siempre,

para que tú me encuentres;

para que entre semáforos, cabinas y edificios,

entre gente que sube,

entre gente que baja,

entre gente que pasa sin mirarme

y gente que se queda sin mirarme

y gente que me mira sin pasar ni quedarse, me encuentres.

Quiero que tú me encuentres: que me encuentres

un refugio, un hogar, una pregunta

que no tenga respuesta

para que me entretenga en las noches de insomnio

si las paso sintigo.

 

  Encuéntrame un futuro sin pasado molesto;

encuéntrame un silencio y un misterio,

un grito y una broma,

una risa, un regalo, una pregunta

de respuesta muy breve

para no perder tiempo en otras noches,

todas las demás noches de la tierra

si las pasamos juntos.

 

  Estaré como siempre, donde siempre,

para que tú me elijas;

para que entre palomas, transeúntes y estatuas,

entre coches que bajan,

entre coches que suben,

entre coches que pasan sin mirarme

y coches que se quedan sin mirarme

y coches que me miran sin pasar ni quedarse, me elijas.

Quiero que tú me elijas: que me elijas

para un momento, un año,

un beso o una vida; solamente

elígeme a tu lado,

desterrémonos juntos,

busquemos un exilio sin límites ni puertas

donde no existan calles que repitan tu nombre,

una forma distinta de vivir esta vida

y las seis que nos quedan.

 

  Vivir es la cuestión, así que aunque ambos

sepamos que es posible vivir sin engañarse,

te mentiré si quieres al decirte que te estaba esperando

a ti y a nadie más, que no me habría

marchado con cualquiera

y creeré tus mentiras si me dices

que me estabas buscando

a mí y a nadie más, que no te habrías

quedado con cualquiera.

 

  Estaré donde siempre, como siempre,

para que tú me elijas,

para que tú me encuentres;

para que entre palomas, transeúntes, estatuas,

semáforos, cabinas y edificios,

entre gente que sube,

entre coches que bajan,

entre gente que pasa sin mirarme

y coches que se quedan sin mirarme

y gente que me mira sin pasar ni quedarse, me anuncies.

Quiero que tú me anuncies: que me anuncies

a todo el mundo a gritos y que escribas

mi nombre en las paredes y que pidas

permiso a las estatuas de los parques

para pasear descalzos

por el césped que no pisarán nunca

aunque les pertenezca,

y yo a cambio prometo defraudarte,

no ser como era el hombre que buscabas,

sino el niño que fui: mejor, si cabe,

puesto que nunca me sentaron bien los años.

Vivir es la cuestión, así que espero

en el lugar de siempre, como siempre.

Empezaré a crecer cuando tú llegues,

empezaré a vivir cuando tú quieras...

     

Bendiciendo la mesa

 Gracias al sol, al agua y a la tierra

por la ensalada; al mar

por el pescado;

al pollo por su vida y sus pechugas;

al trigo por el pan;

a la vid por el vino.

 

   Gracias a Dios por todo en general

y en concreto por estos alimentos

que ha puesto en nuestra mesa,

y sobre todo

gracias a ti por haber decidido

compartirlos conmigo.

  

 

Penetración al Dharma del Pez Polla

  Repta

con su cabeza púrpura y su corbata de piel iluminada

buscando tus rincones; se abre paso

por entre muros blandos de amor cóncavo y suave:

rosado laberinto, pasadizo caliente,

rubor incontenible de pétalos de rosa

que envuelven su esqueleto de pez ciego embriagado.

  Movimiento constante de ritmo indescriptible,

orquestas de silencio reclaman su presencia

desde el fondo del fondo de tu interior profundo.

  Férreo dictador calvo, espía del absurdo,

minero incandescente de boca vertical,

pirata invertebrado, espeleólogo inquieto,

sacerdote sin orden, mensajero de instintos...

 

  Hay un mar que no ha visto jamás la luz, un punto

de ebullición continua donde todo se funde,

una gruta de sal y pasión desatada,

un templo cuya única

religión es la vida.

La verdad está ahí dentro, como un cáliz oculto,

un resorte del alma que siempre está a la espera;

alfa y omega, savia

infinita del Cosmos:

no hay lugar para el Caos: todo está en orden:

él lo sabe y escarba penetrando tu noche,

asiste a la gran misa privada de tu sangre,

bebe amor, suda fuego, siembra luz allá abajo

y se retira exhausto, satisfecho, y sonríe

ebrio de tu perfume de algas dulces...

 

   Lo más sensato

    Construimos un pequeño universo, sólo nuestro

a base de detalles maravillosamente absurdos,

cosas sin importancia que a nosotros

nos importaban mucho y alguna que otra clave

que sólo descifrábamos tú y yo, como un sobre de azúcar

o una casa de la que nos enamoramos y que nunca fue nuestra

pero que compartimos y aprendimos a habitar desde fuera.

 Fuimos subiendo nube a nube a un cielo

hecho a medida de nuestros abrazos,

con espejos de espera y de reencuentro

en los que poco a poco y sin saberlo fuimos

perdiéndonos la imagen uno al otro.

 

  Lo teníamos todo, es decir, tanto

que parecía que nada era más fuerte

que aquella soledad acompañada

a la que nunca quise poner nombre.

 Lo teníamos todo, es decir, nada

que no pudiéramos perder de un soplo.

Llegamos a entendernos sin hablar

hasta que no sé cuándo ni sospecho cómo

empezamos a hablar sin entendernos.

 

  Y así llegó el destino, no recuerdo qué tarde,

un destino que también construimos nosotros,

y dejó caer su pie de toneladas tristes

sobre el jardín de las pequeñas cosas sin importancia

que eran tan importantes para nosotros,

arañando con sus garras de engaño y desconfianza

la piel débil y blanda del ser que éramos juntos.

 Y ganó la aritmética: uno y uno

volvieron a ser dos.

Lo más sensato

fue dejar que el silencio se llevase

con su pausado cauce de agua oscura

tantas palabras que no explicaban nada.

Digo lo más sensato porque sólo

el silencio tenía las respuestas

para tantas preguntas o una sola.

¿Te acuerdas todavía de aquel cine

donde comenzó todo?

 

 

Celebrando a los muertos

 

  Chopin, Chaplin y Joplin

Morrison, Kahlo, el Vate,

Fray Luis, Whitman, Frank Zappa,

San Juan, Lao Tse, Siddhartha,

El Bosco, Cristo, Goya,

Ducasse, Picasso, Gandhi,

Pau Casals, Luther King, Méliès, Girondo,

Santo Tomás, Machado, una mujer

de la que no sé el nombre y, por supuesto,

los anónimos, todos

los que han ido dejando

una estela de historias no contadas,

de talento ignorado, sinfonías

de días que se fueron

y nadie ha recogido

ni cifrado.

 

   

Dime

 

  Dime que en ese corazón no habita nadie,

que no seré un ladrón si entro en tus sueños,

que el mundo es algo más que el mundo y yo.

Dime que tú también sientes lo mismo.

 

  Dime que estoy a tiempo de quererte,

que el mañana está abierto y que hay camino.

Dime que no irás sola o mejor dicho

dime que seré yo quien te acompañe.

 

  Ya sé que traes la luz, aunque lo niegues,

y sé que eres mil veces más y sé

que sólo veo de ti la ínfima parte

y es por eso que quiero estar contigo.

 

  Dime que aún podría descifrarte,

que puedo ir hacia ti sin que te vayas.

Dime que no me esperas y me iré.

Dime que estás y ahí estaré, a tu lado.

 

  Dime que aún crees que hay sueños que se cumplen,

que no toda la magia está perdida.

Dime que todavía puedo hallarte

y yo te buscaré

donde tú quieras.

 

 

  

Badalona Blues

   

  Café, Tom Waits y afuera

continúa lloviendo. Todavía

se resiste la tarde. Algunas luces

empiezan a encenderse y hay paraguas

en lugar de cabezas y alguien pasa

corriendo a toda prisa: aún hay quien piensa

que no es bueno mojarse. El camarero

se acerca a preguntar si me apetece

alguna cosa más porque me ha visto

sacar papel, tomar algunas notas,

y bueno, los poetas dan prestigio

a lugares así, pero no dejan

suficentes ingresos. “Muchas gracias,

no quiero nada más.” Hay dos señoras

hablando de divorcios y linfomas,

un hombre de bigote que se cubre

los dientes amarillos cuando ríe

y una pareja que no está diciendo

lo que se dice a veces en el Jardín Botánico:

más bien están lanzándose palabras

al punto del pasado en que más duele

la falta de confianza. Un perro guía

pide para su amo una cerveza

“y un sol y sombra para mí, Maestro.”

 

  Ya no hay café, Tom Waits y afuera aún llueve

y siguen deslizándose los coches

sobre el vidrio empañado. Apenas quedan

vestigios de la tarde. Ya están todas

las luces encendidas y hay paraguas

en lugar de cabezas y alguien pasa

corriendo a toda prisa porque sabe

que no es bueno mojarse. El camarero

insiste en preguntar si me apetece

alguna cosa más porque sospecha

que aún tengo para rato y me sorprende

que no me hayan echado todavía. Las señoras

aún hablan de linfomas y divorcios,

el hombre de bigote ya no ríe

pero aún tiene los dientes amarillos

y la pareja que no se decía

lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

acaba de salir por separado,

ella muy digna y él casi llorando.

No se dicen adiós. El perro guía

pide “otra ronda de lo mismo, nene”

y su amo se descuelga los cupones

y habla de fútbol, como todo el mundo.

 

 

Perdóname

 

 

  Perdóname esta ausencia sin distancia,

este vagar sin rumbo como si

buscase entre dos horas un día repetido, como

si todo cuanto importa no me importase nada.

 

  Perdóname si estoy pero no estoy contigo:

no eres tú sino yo quien se ha extraviado.

He dejado de amarte pero no de quererte, así que siento

haberte herido y verte herida, porque

jámas he pretendido hacerte daño.

 

  Perdóname el pasado perdido, el presente de dudas, el futuro sin ti.

Te siento aquí, a mi lado, aferrándote a cosas

que nunca podré darte y que jamás

debiera haberte prometido. Todos

los castillos de arena de tus sueños

se los traga este mar de indecisiones del que he roto los diques

con sólo una palabra y dos silencios.

 

  Perdóname el adiós que aún no te he dicho.

Perdóname y no olvides olvidarme

cuando me haya marchado. No merezco

recuerdo ni nostalgia por tu parte. No merezco

siquiera tu perdón por esta huida

tan poco digna y sin embargo espero

que sepas perdonarme y que, si acaso

no puedes olvidarme de repente,

no me odies demasiado

al recordarme.

 

  

  Nana gris para que no despiertes

 

    A veces, a estas horas, cuando es tarde

y las palomas duermen

y los gallos eléctricos preparan

sus relojes para cantar mañana,

además de los ángeles sin alas que caen de las estrellas y se rompen

los huesos contra parques y bordillos,

además del misterio de ese circo donde crecen enanos

y además del silencio que derrite

los corazones de los generales,

hay un destello de polvo azul y plata que penetra en tu casa

y te besa la frente para que sigas respirando en sueños

donde yo no aparezco,

y la imagen de un búho metafísico prendida a tu pared

vela para que todo salga bien y no conozcas nunca

las desgracias ajenas.

 

   

Cosas simples

 

  El primero de sus pocos recuerdos es un anciano hambriento

atacando a su madre por un trozo

del pan que no tenían.

El campo estaba lleno de fantasmas de ropa,

el bosque quién lo sabe, de allí vino la gente

que les echó a patadas, culatazos y golpes

de amenaza a otra parte. A cualquier otra parte y siempre igual.

 

  Por supuesto él lo ignora, pero es hijo

de aquel soldado que mató al marido

de su madre

(entre gritos

puñetazos y moscas le engendraron)

Hoy cumple cinco años: alguien lleva

la cuenta de sus días y le explica

por qué hay tanto silencio.

 

  Un hombre le enseñó a cargar un arma,

“hay que estar preparado”. Apenas sabe

escribir correctamente su nombre. Aprendió pronto

a desaparecer cuando hay patrullas y hace poco

permaneció dos días escondido

entre rocas, cadáveres y zarzas.

 

  Su amigo tiene un año más. No habla

desde la noche en la que ardió su casa. Tenía un perro

que le salvó la vida y una hermana

que no pudo salvarse. Ha visto el miedo

desvencijar a puntapiés las puertas.

Ha visto suplicar a los ahorcados.

Ha visto desfilar carros pesados como montañas

y ha visto a los aviones defecar explosivos

igual que enormes sucias golondrinas de muerte.

 

  Ambos saben que pronto terminará la guerra:

esas son las primeras palabras que escucharon

recién llegados a este mundo en llamas. Ambos saben

que hay un lugar en el que alguien decide

las reglas de este juego: cómo y cuando

se acaba la partida. Ambos lo saben.

Ambos lo saben todo. Ambos han visto

la cara desdentada del horror e incluso a veces

logran cerrar los ojos y dormirse

aunque ese rostro les esté mirando.

 

  Entonces, si no tienen pesadillas,

sueñan con cosas simples e imposibles:

sueñan con una casa que no arde,

con un cielo sin pájaros de muerte,

con una carretera sin patrullas

y con un campo sin fantasmas de ropa.

Con esas cosas con las que, a menudo,

sueñan algunos niños cuando hay guerra:

con un padre con nombre, con una hermana viva,

con un camino que no lleva al bosque.

Sueñan con puertas que no se abren nunca

después de la patada

de un soldado.

  

 

Adiós a Dios

 

  Dios hace muchos años que te conozco aún

no sé cómo te llamas se me escapan

las palabras ya sé

que es inútil hablarte porque escuchas

con orejas de viento y no distingues

una plegaria de un tambor un grito

de un orgasmo de un aplauso de un trueno

que todo te resbala que todo te es igual porque en el fondo

todo es lo mismo y tú lo sabes porque

al fin y al cabo todo es cosa tuya.

 

  Dios hace tanto tiempo que hablan de ti

no sé si existes aún no sé si es cierto

todo lo que se ha escrito tantas cosas

no sé si somos tu creación tu error o un accidente

no sé qué religión es la que acierta

tal vez tengan razón quienes te niegan

tal vez nosotros te hemos creado a ti

y no seas más que el miedo hecho palabras

un placebo intangible una mentira muy bien contada

que hemos ido creyendo y transmitiendo por los siglos

de los siglos amén

y si no fuera así

 

  Dios hace tanto tiempo que te escondes

Dios sabe dónde que

acabarás dudando de ti mismo blasfemando negándote

convertido en escéptico o ateo

si no sales a ver a verte a hacer que te veamos

porque escúchame Dios aquí el asunto

se está poniendo feo y no parece

que vaya a mejorar la situación es más diría

que es posible probable es casi cierto

que vaya a complicarse aquí la gente

se pone muy nerviosa si las cosas

no salen como quieren unos pocos.

 

  Dios hace mucho demasiado tiempo

que todo está estancado que la espera

se convirtió en costumbre y la esperanza

empieza a parecerse al desespero

si estás haz el favor de espabilarte

antes de que te quedes sin devotos

no lo digo por mí que nunca tuve

fe concreta sino por las personas que padecen

y aún tienen la confianza puesta en ti

para mí es algo tarde yo he ido viendo

sufrir a mucha gente que quería

y tú no hiciste nada Dios qué pasa

por qué te cuesta tanto ser humano?

 

  Dios hace tanto tiempo tanto tiempo

que el mundo gira y cambia que deduzco

que debes ser muy viejo muy muy viejo

si de verdad todo esto es obra tuya

solamente

por eso te perdono estos descuidos

seniles que nos cuestan tantas penas

sólo si te imagino en zapatillas

cambiando de canal continuamente

olvidándote de tomar las pastillas

maldiciendo a los perros del vecino si es que tienes alguno

recordando el pasado aquellos tiempos

en los que te bastaban seis jornadas

para poner en marcha la existencia aquellos días

en los que te gustaban las manzanas

y no querías que nadie las tocara.

 

  Dios son tantas preguntas las que tengo

y es tan poca la fe en que me respondas

que prefiero dejar de formularlas

antes de dar más vueltas al asunto

así que ya me marcho quiero decir me quedo

no me tengas en cuenta la osadía

de dirigirme a ti sin reverencias

son cosas que me impide mi carácter

nunca fui bueno con los protocolos

así que Dios adiós hasta la vista

que espero que sea tarde muy muy tarde

no tengo prisa alguna por morirme

y enfrentarme al secreto de tu secreto porque

tanto si existes como si no existes

yo sé que un día nos encontraremos

y entonces te diré cuatro verdades.

   

 

No me traigas de vuelta

 

  Apareces de pronto

como una hermosa casualidad que hace los días más cortos,

una brisa discreta pero tenaz que llena de pétalos mi casa a través del teléfono

y hace volar uno por uno todos los papeles de mi rutina sin ventanas. Todos

los silencios estallan a tu paso, florecen las sonrisas,

las piedras se desmayan y los muros sueñan con ser de agua

para que los traspases con tu cuerpo.

 

  Voy a tu encuentro

igual que un peregrino al que el mundo se le queda pequeño

en busca del motivo de su fe, el centro de su círculo y entonces

descubro que si el mar respira es porque quiere imitar tu aliento y los desiertos

se pueblan de frutales y de helechos

y el veneno -cualquier veneno, también la envidia- se transforma en sal

si estás lo suficientemente cerca.

 

  No espero más de ti

que todo, como siempre, sin esfuerzo,

de esa manera natural que tienes de hacer todas las cosas.

El milagro de ti en ropa interior, la luz queriendo entrar para admirarte,

la luna agazapada en las cortinas.

Colócame las manos sobre el pecho, sálvame el alma, arrástrame la sangre,

llévame lejos, al otro lado, al lugar del que surges,

toma mi mano y una a una cada pieza de mi cuerpo y mi sombra,

constrúyeme en tu limbo, dispón de lo que soy, haz de mí lo que quieras, hazlo todo,

desvélame el secreto del origen de la vida y la muerte

una vez más, de nuevo, como siempre,

pero esta vez no dejes que me vaya:

cuando oigas las campanas de mi urgencia impídeme el regreso,

sujétame a tu ombligo y a tu piel,

no me traigas de vuelta...

 

      

Ojalá

 

  Ojalá en el futuro

tú fueses mi pasado

y mi presente.

 

 

 

 

 

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